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6 de Octubre 2011
Steve Jobs, genio y figura
“Vamos a estar en el Fortune 500 en sólo dos años”, le dijo a Steve Jobs su ángel financiero Mike Markkula poco después de fundar Apple allá por 1976, “es el nacimiento de una industria, esto sólo sucede una vez cada década”, remarcó al incrédulo jovenzuelo que, con sólo 21 años, había creado de la mano de su amigo Steve Wozniak el primer ordenador personal de la historia. Tres años atrás nadie hubiese dado un centavo por él. Vagabundeaba sin destino por California durmiendo de prestado en la casa de amigos y frecuentaba la compañía de hippies con los que, un par de años antes, había hecho un viaje a la India en busca del famoso gurú Kairolie Babá.
La experiencia mística no le gustó demasiado. “En la India me di cuenta de que quizá Thomas Edison había hecho mucho más por hacer del mundo un lugar mejor que Karl Marx y Kairolie Babá juntos”, comentó a sus íntimos. Lo suyo era crear y vender, sobre todo vender, productos que nadie había visto antes: ordenadores personales. “Cuando inventamos el ordenador personal, creamos un nuevo tipo de bicicleta”, decía a la prensa a finales de los 70 convencido de que su criatura tenía mucho más futuro de lo que los compradores creían. El problema es que, aunque carismático y temperamental, no tenía mucha idea de llevar una empresa. Preguntó a director de Pepsi, John Sculley, si quería irse a dirigir Apple. El ejecutivo expresó sus dudas y Jobs, lejos de dejarse intimidar, le espetó: “¿quieres vender agua azucarada el resto de tu vida o venir conmigo y cambiar el mundo?”. Ante semejante oferta Sculley no se lo pensó, entró en Apple justo a tiempo para lanzar el ordenador más revolucionario de los 80: el Macintosh, un cubo de plástico y cristal que lo hacía todo y cualquiera podía llevarse a casa.
Pero Jobs terminó chocando con Sculley… y ganó el segundo. El padre de Apple tuvo que dejar a su hija predilecta y fundó Next, un nuevo camelot informático que, según sus palabras, iba a convertirse en “la compañía perfecta”. La niña de sus ojos era otra, una pequeña empresa del Valle que se dedicaba a hacer animación computerizada: se llamaba Pixar. Next y Pixar pusieron las bases de las películas de animación que hoy barren en todas las taquillas. Pero entonces ambas perdían dinero a manos llenas. Las pérdidas las cubría Jobs con sus ahorros. Tampoco le iba demasiado bien Apple. En 1997 hicieron las paces. Jobs volvió, reinventó el ordenador y, ya que estaba, inventó el iPod, el iPhone y el iPad, probablemente los tres productos que más hayan marcado la última década. “Estamos en un territorio sin cartografiar”, decía en 2006. Ya se ha encargado él ir dibujando las costas. Genio y figura.
Publicado por FDV a las 6 de Octubre 2011 a las 02:37 PM
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