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13 de Enero 2010
Ruiz de Mentira Elvira, trilero y poeta
Se llama Antonio Ruiz de Mentira Elvira; por este orden, calentólogo ecologista concienciado, físico poco aplicado, ex presidente de Amigos de tu bolsillo la Tierra, taruguete gafapasta brillante hombre de ciencia, papada y pelo cano look moderno y comprometido, es el propio especialista que tiene Catalán Deus en la sección de Milenarismo Ciencia de El Mundo. Mantiene un bló, que se llama Clima, en el que nos va diciendo cada dos o tres días lo malos que somos y lo recalentado que está el planeta por culpa de eso mismo, de nuestra maldad congénita. (En rigor, lo único recalentado aquí es su caletre de mediocre profesor universitario que se saca unas perrillas extra con eso de meter miedo al personal por el interné.)
Cuando llega el verano y hace calor, que es lo suyo, Ruiz de Mentira Elvira se pone, con más razón que un santo laico, hecho una fiera climática a vociferar sobre los incendios forestales, que como todo el mundo sabe los provoca la combustión espontánea del CO2 al salir de la nariz; de la fusión del Ártico que, aunque los satélites, negacionistas incorregibles, digan que crece se va a quedar en nada en menos de lo que canta un gallo; de lo carísimo que, aunque no lo creamos, sale el kilovátio generado en una central nuclear; o de como la Fórmula 1 es poco más que quemar petróleo y lanzar toneladas de CO2 a la atmófera (sic). Por cierto, perrillo faldero eminencia, Honda ha vuelto a competir en Formula 1 con otro nombre, se llama Brawn GP ahora, y son los mismos. Si es que, fíjate tu, no escuchan a los profetas y luego vendrá la diosa Gaia a repartir justicia. Yo que Fernando Alonso me retiraba ya para que, llegado el castigo, sea menos severo.
Ahora bien, es llegar el invierno que, por estas latitudes madrileñas suele ser frío y, al menos en los últimos años, nevoso, ventoso y lluvioso, y el físico aplicado se nos pone hecho una margarita. Le sale el modo cursi que todo progre lleva instalado de serie. Si nieva, pues nada, se despacha con un "Los fríos y el cambio climático" y tan pancho. Ojo, "los fríos", como si poniéndolo en plural se congelase uno menos en la calle (está demostrado que los calentólogos pasan menos fríos (en plural) porque la cabeza la tienen a 50ºC de tanto preocuparse por la Madre Tierra). Si hiela, otra anotación en voz bajita para tranquilizar a su desconcertada parroquia: "El frío que nos hiela", hombre, Ruiz de Mentira Elvira, tío relamido profesor, no conozco yo aún ningún frío que nos achicharre. El frío siempre hiela, aquí y dentro de tu cabeza, donde habita, solitaria y gélida, tu única y malformada neurona ese genio único que nos señala el camino de la verdad. Si vuelve a nevar, que ya es mala leche que nieve en Madrid dos veces seguidas al principio del invierno, se arma de valor (y de poesía) y, superándose a sí mismo, nos sacude con "Las nieves que nos caen encima". A ver, Pulgarcito amado maestro, que las nieves (de nuevo en plural) siempre nos caen encima. Es físicamente imposible que las nieves caigan desde abajo, que parece mentira que se lo tenga que recordar yo, humilde hombre de letras.
La pauta ya la conocemos. Si mañana le da por hacer calor (que no va a ser así, 1,1ºC de mínima se espera en Madrid) pues bronca jupiterina desde las alturas, con rayo y todo para los emisores del venenosísimo CO2. Y si llueve, que lloverá, se marcará una anotación titulada, aproximadamente "Las aguas que nos mojan" (ojo, en plural). No nos defraudes Ruiz de Mentira Elvira, nuestro Sacalugo no sería nadie sin ti.
Publicado por Fernando a las 13 de Enero 2010 a las 11:56 PM
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Comentarios
http://www.desdeelexilio.com/2005/09/21/nota-de-antonio-ruiz/
Publicado por: (*) a las 14 de Enero 2010 a las 10:07 AM
http://www.elpais.com/articulo/opinion/cine/espanol/bolsillo/contribuyente/elpepiopi/20100112elpepiopi_12/Tes
http://www.libertaddigital.com/el-candelabro/asi-estafa-al-contribuyente-el-cine-espanol-1276381422/
En el debate sobre la aplicación de la Ley de Cine -además de las propuestas de un lado y protestas del otro-, sería interesante que el contribuyente de a pie tuviera acceso a ejemplos concretos sobre lo que se está discutiendo. Al fin y al cabo, su dinero sirve para financiar una industria de la que, al menos idealmente, él es usuario y receptor último.Los productores honestos son los más interesados en que desaparezcan los que son todo lo contrario
Los miembros de la profesión se lamentan del descrédito general que ésta sufre. Argumentan que los sectores automovilístico y agrícola están protegidos y nadie se queja. Muy cierto, pero los tomates y coches están en la calle. En cambio, si comparamos la cifra de películas subvencionadas anualmente con la cifra de películas difundidas los números no cuadran. ¿Dónde están esas obras que hemos contribuido a financiar y no vemos?
Vaya por delante que hay muchísimos productores honorables, profesionales magníficos. Pero también abundan los vividores que medran a costa del erario público y de los esforzados trabajadores de la industria. A estos productores de pacotilla les gusta navegar bajo el pomposo título de "independientes", carta de nobleza que demasiado a menudo esconde una notoria falta de escrúpulos. Expondré un caso reciente. Su secuencia de acontecimientos, por extravagante que parezca, ilustra la realidad de bastantes películas españolas.
El productor descubre un guión. De momento no lo paga, está descapitalizado y además el autor, guionista y director, es un desconocido; bastante favor le hace gestionando su obra. El proyecto, cuyo presupuesto supera los dos millones, consigue todas las subvenciones posibles: TVE, avance sobre taquilla y Eurimages. Para acceder a esta última ayuda es condición indispensable que haya otros coproductores europeos. Aparecen dos, se firman contratos estipulando aportaciones y porcentajes a repartir: 20% para uno, 10% para el otro.
La película se rodará en Barcelona, nada más lógico que pedir también la subvención de la Generalitat. El coproductor local que realiza el trámite debe ser titular del 50% de la película. Ningún problema, de nuevo se firman contratos y reparten porcentajes. Se les ocurrirá, igual que a mí, que a estas alturas ya hay mucho fragmento de película desparramado por ahí. Pero sigamos.
Con la documentación de las ayudas concedidas, el productor va al banco y éste le adelanta dinero mediante créditos avalados por las instituciones y los socios coproductores. Recordemos que él no tiene dinero.
Empieza el rodaje, poco después la estrella protagonista amenaza con irse, no ha cobrado. Aterriza un nuevo, flamante coproductor. Se firman otros contratos y esparcen más porcentajes. Asombroso. Pero continuemos. Algo más tarde es el gerente de la sala de montaje quien avisa al autor: hasta el presente no ha cobrado y duda que el futuro traiga nada mejor. En la sala de efectos especiales se repite la melodramática escena. De improviso brotan deudas en cascada, los laboratorios bloquean el material, el proceso se atasca. A veces llegan noticias del productor, diversos reportes lo sitúan en interesantísimos y lejanos mercados: Los Ángeles, Tokio...
Cuando el autor, que tampoco cobra, consigue pedirle explicaciones, reacciona como lesa majestad ofendida. El autor ha hecho "su" película, contento debería estar.
Por fin, tras meses de angustias y sobresaltos sale la primera copia, proeza lograda gracias a la intervención de los coproductores catalanes y al previsible voluntarismo del susodicho autor que, aterrorizado, ve cómo años de trabajo se están yendo al garete.
Algunos impagados presentan denuncia y el juzgado ordena el embargo de bienes de la productora. No los hay. El productor tiene otras empresas pero su mano derecha no sabe lo que hace la izquierda y ninguna de las dos paga.
Los socios coproductores se inquietan. Presionan, le exigen que estrene, de otro modo no se materializan las subvenciones. Pero él ya no tiene dinero para estrenar. Anuncia entonces que la obra es fallida y no gusta a nadie, el negocio ha fracasado y toca asumirlo con humor. Lo del humor se aplica a los acreedores y a quienes depositaron avales bancarios. Porque él, rebobinemos, no ha puesto un euro.
Intervienen abogados, los contratos ven la luz. En un alarde creativo sin precedentes el productor ha pulverizado el sistema decimal repartiendo el 140% de la película. Los acuerdos firmados son dobles, triples, unos destinados a las instituciones, otros "internos". La confusión es mayúscula y no se consigue desentrañar quién tiene qué, cuánto, cómo y por qué.
Acorralado, amenazado con una querella por uno de sus propios socios, el personaje trompetea que es un "independiente", una víctima del sistema. Está profundamente dolido, nadie le entiende. A la vista de tanta incomprensión se proclama harto y cede la totalidad de la película al socio en cuestión. Se firma otro contrato del que se desconocen términos y porcentajes.
En realidad, hace tiempo que él se despreocupó de la obra. Hizo su negocio antes, con los créditos respaldados por avales ajenos. Ahora la película es mero campo de batalla en el que inversores y acreedores intentan salvar sus dineros. Tan sólo el autor sigue interesándose -inútilmente- por ella. Sobre su trabajo se ha construido el turbio andamiaje pero él es un peón irrelevante.
Entretanto, los coproductores catalanes deciden estrenar para rescatar la subvención de la Generalitat. Ya han perdido mucho dinero en intereses y lo hacen en precario: sólo cinco cines, cero publicidad. Pero en una conocida y céntrica sala de Barcelona la película aguanta tres meses y medio en cartel, un milagro dadas las condiciones. Se podría pensar que tras este prometedor despegue se difundirá en el resto de España. Todo lo contrario, se volatiliza. Hasta que -oh sorpresa- unos meses después reaparece súbitamente en las cifras oficiales de taquilla. Y, más sorprendente aún, está arrasando. Nadie ha oído hablar de ella, ni siquiera el autor sabe en qué remotas salas y horarios se proyecta, pero es un hecho que cada semana recauda una hermosa, redonda cifra, siempre idéntica. ¿Otro milagro? Lo cierto es que el dinero del avance sobre taquilla sólo se concreta cuando la película ha hecho un número determinado de entradas. En semejante tesitura, puede que el productor haya considerado más rentable -y seguro- comprar directamente esas entradas antes que despilfarrar el dinero en algo tan peregrino como es la promoción de la película. En conclusión, la habremos financiado todos pero muy pocos tendrán la oportunidad de verla.
El disparatado sainete es resultado de un sistema de ayudas que sin un control estricto tiene efectos doblemente perversos. Primero, facilita que productores fulleros trapicheen con el dinero público. Segundo, condena muchas películas al olvido pues ninguna, buena o mala, llegará al espectador si no se ponen los medios adecuados para ello.
La situación no invita al optimismo aunque últimamente se perfilan señales esperanzadoras. Los sindicatos de trabajadores del sector -ALMA, TACE- se han reactivado, y parecen llegar ciertos movimientos sísmicos con epicentro en el ministerio de Cultura. La ministra Ángeles González-Sinde es autora, probablemente no ignora los entresijos de estos burdos embrollos. Esperemos que el señor Ignasi Guardans, al frente del ICAA, sepa imponer filtros severos y mecanismos rigurosos para abortar operaciones que desprestigian a la totalidad de la industria cinematográfica. También sería deseable que los damnificados de turno denunciaran sin demora los impagos y actividades fraudulentas que detecten. Hay que perder el miedo y obviar la usual advertencia de ribetes mafiosos, esa cantinela que reza "tú no trabajarás más".
Por último, los productores honestos deberían tener el máximo interés en que desaparezcan de la circulación los que son todo lo contrario. Para ello hay razones de orden ético, pero también práctico. Una operación de saneamiento a fondo no sólo beneficiaría al sector, caótico y viciado, sino que además rehabilitaría su imagen frente a una opinión pública muy sensibilizada, harta de que se inviertan sus impuestos en tejemanejes más que sospechosos.
Publicado por: Sergio a las 14 de Enero 2010 a las 07:54 PM
Te he linkeado http://marygodiva.blogspot.com/2010/01/lucha-en-el-barro-carta-maria-blessing.html
Publicado por: Mary White a las 14 de Enero 2010 a las 10:45 PM
Buenisisisimo. Hacía tiempo que no leía algo tan divertido. Lo de este jambo es de frenopático.
Publicado por: tortuga a las 15 de Enero 2010 a las 02:56 PM
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