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16 de Agosto 2009
Suabia en tractor
Tener un tractor en Suabia es como disponer de una góndola privada en Venecia. Puede uno perderse por los campos y llegar donde sólo llegan los pastores o los aficionados al senderismo, que por esta tierra son muchos y muy entregados. La ventaja es que el tractor es mucho más rápido y uno no se cansa subiendo cuestas. Mi suegro tiene un tractor, pero no uno de esos modernos con aire acondicionado, carlinga y radio-CD. Tiene un Deutz del año 60, una joya de la ingeniería alemana, todo en acero primorosamente pintado de verde con remaches dorados y un letrerito en cursiva sobre uno de los laterates en el que pone "Luftgekühlt", esto es, refrigerado por aire. Lo más de lo más.
Mi suegro no es agricultor, pero sí hijo, nieto, biznieto y tataranieto de agricultores suabos, gente curtida y de mucho saque con la cerveza que se pasa la vida mirando al cielo para ver si sale el sol y le maduran las manzanas. Justo lo contrario de los agricultores castellanos, que hacen lo propio pero para ver si una nube lo cubre y caen cuatro gotas para que las manzanas no se les achicharren al inclemente sol de la meseta. Con todo, ellos lo tienen peor que nosotros porque en España, al fin y al cabo, el agua lo llevamos de un lado a otro con acequias, canales y transvases, pero aquí el sol no pueden traérselo de ningún lado. Por eso, a cierta edad, deciden que ya está bien de lluvia, fríos y oscuridades y los que se mueven son ellos largándose al sur con una maleta y la pensión íntegra de la Bundesrepublik. Mi suegro, hombre de mucha fe, es de los que han preferido esperar a que algún día termine por salir el sol.

A diferencia de otros jubilados alemanes, que se compran una casa en algún secarral perdido de Alicante para tostarse como un grano de café, él se compró el tractor al jubilarse. Por esta razón lo tiene limpio como una patena con su verde inmaculado y sus dorados tan pulidos que bien podría uno afeitarse mirándose en ellos. En verano sale con él por ahí en compañía de unos amigos; beben sidra, se cuentan sus cosas en el dialecto del lugar, que es una endemoniada variante del alemán totalmente incomprensible para los forasteros (y por forastero digo uno de Fráncfort), y luego vuelven a casa a cenar. Sí, ya se que parecen hobbits, pero es que, en cierto modo, lo son.
Hoy anduve en tractor por las colinas alomadas que rodean el pueblo. Se formaron en el Jurásico y están ya en las últimas. Las laderas están cubiertas de bosques de abetos altos como un edificio de cinco plantas. Al fondo de los valles están los pueblos y sobre las colinas, que son planas en la cima, están los campos de labor. Como una de las aficiones locales es salir al campo a pasear, o a recoger setas, o a subirse a la colina para mirar el pueblo desde arriba, o a montar en bicicleta... hay una red amplísima de caminos asfaltados por los que sólo pueden circular los peatones, las bicis y, naturalmente, los tractores. El paseo ha dado bastante de sí. He subido a una de las colinas, he recorrido unos trigales que están a punto de ser cosechados, luego he bajado por un caminillo muy empinado, he cruzado las vías del tren y me he ido hasta uno de los pueblos más pintorescos del lugar, una aldea que en tiempos pertenecía a los Habsburgo y por esa razón es la única de la comarca que tiene iglesia católica, el resto son todas protestantes porque sus habitantes eran vasallos del rey de Württemberg que, en los tiempos del Sacro Imperio, introdujo la reforma.

No es una norma, pero las iglesias católicas en esta región suelen tener un aspecto bávaro-austriaco, a diferencia de las protestantes que siguen el canon ortodoxo de campanario picudo y muros de piedra. El campanario de las católicas, como la de esta aldea, es acebollado como los que se ven tanto en Baviera o en los antiguos dominios del emperador de Austria.
Después de parar y avituallarme en una gastätte que había a la entrada de un bosque he vuelto a casa por el mismo camino haciendo parada en una granja donde, todo sea dicho, los mosquitos me han freído a picotazos. Y con ellos he regresado sintiéndome como un auténtico bauer suabo. Lo dicho: Venecia en góndola, Suabia en tractor y Madrid en moto.
Publicado por Fernando a las 16 de Agosto 2009 a las 08:16 PM
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Comentarios
saludos desde el otro lado de la Alb, desde Oberschwaben. Aunque imagino que ya has estado, no dejes de visitar Tübingen.
qué lo pases bien.
Publicado por: Fernando Muñoz Hernández a las 17 de Agosto 2009 a las 10:19 AM
No hay nada mejor para desconectar que perderse por pueblecitos de este tipo, con sus paradas correspondientes para disfrutar de las cervezas locales, especialmente en Baviera...
Publicado por: Clausius a las 17 de Agosto 2009 a las 02:44 PM
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