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21 de Febrero 2008
Tigrekán al rescate
Ha sido preocuparse el personal por los cirios que están montando los alevines de Gaspy Castrozares en las universidades y algo, un resortillo que siempre salta cuando en los bares se empieza hablar de lo que no se debe hablar, ha saltado en lo más profundo del PSOE. Tigrekán, el del GAL, Filesa y los pellizquitos de la Expo se saca de la chistera un abucheo que le propinaron allá por el pleistoceno. Aunque estoy lejos de peinar canas me acuerdo perfectamente de aquello. No hubo uno sino dos abucheos. Uno para Tigrekán y otro para el Príncipe Felipe, que se dejó caer por la misma universidad, su universidad, en aquellos años. No pasó nada. El cinturón de seguridad que rodeaba al entonces presidente era de tal calibre que el gritador más cercano estaba como a 50 metros del morritos, y creo que soy optimista.
Además, y esto es lo importante, en 1993 Felipe González era el que mandaba, el que llevaba mandando más de diez años y estar en el machito conlleva que a uno le abucheen de vez en cuando los estudiantes, los mineros o el sindicato de obreros del campo. No hizo falta llamar a la policía, básicamente porque la policía ya estaba allí, y en cantidades industriales.
No mucho después, o unos meses antes que la memoria me traiciona, a Matilde Fernández, una feminista muy bizarra que era ministra de algo, le abuchearon también. Creo que fueron unos trabajadores de un astillero o una fábrica que se habían quedado en paro por la crisis. En esa ocasión la trifulca vino acompañada de una tomatina y/o huevina antológica que dejó el escaso pelo de la ministra (ya lo he dicho, era feminista) empapado en algo parecido a la base de una pizza.
La ministra no lloró ni llamó a la policía. Lo primero porque daba tanta pena con la cara llena de huevos que sólo hubiesen faltado las lágrimas. Además, las feministas no lloran. Lo segundo porque la policía, como en el macroabucheo a Tigrekán, también estaba allí, bien pegadita a la ministra por si aparecían los currelas de la fabrica a armar el pitote. Uno de ellos, de los escoltas quiero decir, sacó el pistolón y encañonó a la plebe protestona. Hay hasta una foto que inmortalizó aquella irrepetible hazaña de progreso pero no he sido capaz de encontrarla por internet. No hubo, eso sí, que lamentar víctimas pero todos (o casi) desfilaron por comisaría. Faltaría más.
Publicado por Fernando a las 21 de Febrero 2008 a las 10:50 PM
Comentarios
Y Felipe si que lloró, despues en al Moncloa y a punto estuvo de dimitir. Que no nos cuente cuentos.
Publicado por: Jorge Castrillejo a las 22 de Febrero 2008 a las 09:38 AM